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Año 2005

Montserrat Rodó

"Es importante que los niños y niñas tengan juguetes de todo tipo, también de madera"

Diciembre 2004 - Enero2005

Entrar en su taller es acceder a un mundo de fantasía, poblado por príncipes y princesas, reyes y reinas, lobos y caperucitas, animales fantásticos y juguetes tan sencillos y divertidos como las peonzas, los títeres, los bolos o las cuerdas para saltar a la comba. La madera es uno de los materiales que tiene más protagonismo, porque aquí de lo que se trata es de recuperar el mundo del juguete, el de nuestros antepasados. El taller recibe el nombre de El Bagul -toda una invitación a explorar su interior- y lo regenta Montserrat Rodó.

"Parece que ahora se está volviendo al concepto del juguete tradicional", nos cuenta. Cuando los sociólogos advierten de la incontrolada proliferación del juguete tecnológico (causa de fatiga visual y excesivo sedentarismo, entre otras cosas), algunos progenitores se plantean que es necesario recuperar aquellos objetos sencillos y divertidos que pertenecían a la infancia de muchas generaciones. Montserrat Rodó no cree que sea necesario ser drástico, sólo intentar la pacífica coexistencia de los juegos tradicionales con los juegos de ordenador y las cuerdas de saltar a la comba, que "son dos mundos complementarios. Es importante que los niños y las niñas tengan juguetes de todo tipo, también de madera".

Montserrat Rodó llegó al mundo del juguete siguiendo un curioso itinerario. Estudió escenografía en el Instituto del teatro e hizo algunas escenografías para montajes teatrales. Más tarde, se interesó por el juguete didáctivo y paseó su Baúl de Teatro (un teatrillo desmontable) por muchas escuelas de Cataluña. Participó en algunas ferias de artesanía que hasta que en marzo de 2002 abrió su taller en el Poble, en la calle de Caballeros, 16.


En su tienda, el juguete más solicitado son los títeres y todavía más si representan a personajes de cuentos tradicionales. "Los norteamericanos siempre compran títeres de reyes, reinas, príncipes y princesas. Les gustan mucho", dice. Por lo que se ve, cada país tiene sus preferencias: "A los japoneses, en general, no les gustan los juguetes de madera y los que vienen de Rusia encuentran que las que hacemos aquí son muy extrañas, ellos las hacen más barrocas  En cambio, los franceses, se entusiasman con las peonzas".